martes, 17 de octubre de 2017

Inktober: día trece, catorce y quince

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Yo ya estoy mucho mejor ¡ya puedo hablar! Que es lo más importante —que ya les había contado que estaba resfriada y sin voz, pero nada de nada >.<—. No hay nada peor que quedarse afónico es terrible ¿y lo que es más terrible? Justo cuando no puedes hablar con nadie es cuando todo el mundo tiene urgencia de hablar contigo ¡Y no les alcanza con que los escuches! Quieren que hables >.< que me he pasado estos días recordándoles que no podía hablar —y mandando muchos mensajitos o escribiendo en papeles que tenía a mano (?) porque hay que saber arreglarselas de alguna manera (?)—.

Sigo con este reto y si no lo han visto, los invito a pasarse por aquí, aquí, aquí y aquí

Día trece: repleto

De la convocatoria, es el más flojito hasta ahora que lo hice por hacerlo, como para no dejar pasar el día, pero no me llevaba a absolutamente nada de nada la palabra. Podría haber salido mejor, pero bueno, como dije por Twitter, seguro que a futuro lo retomo y le sacó provecho de momento, estoy más que bien de esa manera.

Les cuento que el dibujo también es uno propio. Para que lo vean mejor, se los dejo aquí abajo:


Día catorce: feroz



No me voy a quejar de este día porque ya me regañaron por eso (?) Me gusta el dibujo, me gusta el microrrelato, aunque en mi mente se veía mucho mejor el lobo cubierto por el fuego que como me quedó en papel.

 
Es un dibujo hecho a mano y retocado con el Photoshop para darle el aspecto del fuego. No fue fácil, pero me acabó saliendo bien, que es una de las pocas veces que hago fuego desde cero en el programa.


Día quince: misterioso


No he vuelto a hacer más dibujos desde 'Feroz', pero intentaré acompañar a los microrrelatos con ellos en los próximos, pero esto de escribir y dibujar a diario se vuelve bastante trabajoso —especialmente, con algunas palabras que son para ponernos a cuadritos, como la de hoy 'Agraciados', pero mira que se la rebuscaron con esto >.< —.

Pronto iré subiendo más de mis recopilaciones, por el momento, les dejo estas <3

¡Un abrazo!
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sábado, 14 de octubre de 2017

Relato juevero: Negro

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que de diez <3 La verdad es que estaba a nada de no participar esta semana, pero me he iluminado a mitad de la noche y llego con un microrrelato —posiblemente, mucha influencia del Inktober (?)—.

Les cuento que esta semana nos coordina Alfredo y nos propone hablar de colores en nuestro relatos. Yo elegí uno que ni es color, pero acabó llevándome a uno de ellos. Los invito a leer a nuestros compañeros por aquí.


—Tienes el alma negra

—La razón perfecta para hacerlo sin remordimientos ¿no?

No le dio tiempo a nada. Jaló el gatillo y el mármol blanco se tiñó de rojo.

Iba a tener que darle un bono extra al ama de llaves por limpiar y dejando el revolver en la mesa, se sirvió un vaso de whisky y se sentó a esperar.




Fue sintético a más no poder (?) Espero les haya gustado.

¡Un abrazo!
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viernes, 13 de octubre de 2017

52 días de reto: día treinta y siete

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Estamos en viernes 13! Así que aprovecho a continuar el reto de escritura —que pienso terminar, aun si me lleva hasta fin de año (?)— y ya, como toca día treinta y siete y encima, en un viernes 13 en octubre ¡Jo! Finalmente los astros se alinearon para algo bueno (?) les traigo una historia de terror. La verdad, es que me veía a cuadritos para este día, pero estaba hablando con una compañera sobre eso de la ballena azul y todo eso y me dio una idea para escribir algo hoy.

Día treinta y siete: Escribe un relato en el que los personajes se conozcan a través de las redes sociales y se desarrolle en este medio toda la trama.


Saca el celular del bolsillo y lo ve nuevamente. Esta molesta ya, cansada. No necesita eso y realmente, no sabe cómo más bloquearlo de su teléfono, que aún bloqueado, sigue mandándole mensajes, cuando en teoría, eso no debía suceder. Ni si quiera puede ver el número, sólo el prefijo, lo demás, figura en x. Le dijeron que es imposible, que es una broma, pero ella lo tiene ahí, de manera factible, real y no es chiste lo que le pide.

Notificaciones de Whatsapp
Mensaje de número 154 xxxxxx
Mensaje de número 154 xxxxxx

‘Déjame en paz’

‘No has cumplido el reto. Tan sólo debes poner un Sí, ni tiene que ser grande. Te mandaremos el siguiente reto en cuanto lo hagas’

‘Estás enfermo y los que te siguen están igual de enfermos que tú. Piérdete.’

Notificaciones de Whatsapp
Mensaje de número 154 xxxxxx
Mensaje de número 154 xxxxxx

Mensajes vistos.

Notificaciones de Whatsapp
Mensaje de número 154 xxxxxx
Mensaje de número 154 xxxxxx

Mensajes vistos.

Suena una llamada. Ella la ignora. Suena de nuevo, el mismo tono. Lo odia.  Tira el celular dentro del ropero para no oírlo. Suena de nuevo, la llamada se pone en altavoz:

—Sólo tómala. Escribe Sí si aceptes, No si vas a rechazar nuestro reto— se cae la cartuchera de su escritorio y la trincheta sale disparada hasta sus pies.

Levanta los pies, tiene miedo, se ovilla en la cama y le grita ‘¡Piérdete!’. La llamada se corta y ella llora. A los seis minutos, vuelve a llamar y sucede lo mismo, la llamada en altavoz:

—Sí, ya sólo escribe sí. No tengo paciencia—

No le responde. Está cansada, molesta, asustada. No hay nadie que la ayude. La trincheta vuela y va hacia ella. Quiere moverse y no puede, algo la sostiene a pesar de que no hay nadie. La trincheta se clava en su piel y dibuja la letra, trazo por trazo desgarrándola. Hasta hace el acento sin prestar atención al grito o a las lágrimas.

La llamada se corta. Otra notificación llega al teléfono.

Mensaje de número 154 xxxxxx

‘Foto recibida. Reto superado. Felicidades. Mañana recibirás el siguiente reto’.

Ella saca el teléfono apretándose el brazo con el Sí tatuado en su piel. Mira la pantalla, la lista de contactos empieza a pasarse rápidamente, como quién busca a alguien. Llega a la Z y se detiene. Aparece en la pantalla una mano con pulgar arriba.

‘Invitaciones enviadas. Hay nuevos miembros jugando’.

Desesperada, estrella el celular contra la pared y sale corriendo de la casa. Aun con la carcasa desarmada, se enciende la pantalla.

Notificaciones de Whatsapp
Mensaje de número 154 xxxxxx
'Tienes un nuevo desafío.'





¡Un abrazo!
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Inktober: día diez, once y doce

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Les cuento que sigo en el reto de Inktober ¡y cada día se pone más difícil! No sé si seré yo, que se me está complicando con las palabras, o que condensar una historia en ciento cincuenta o menos es bastante complejo. ¡Alá! Que vengo poniendo todo para no faltar un sólo día.

Si no han leído nada aun o quieren sumarse, los invito a pasarse por aquí, aquí y aquí. En la primera tendrán link con todas las condiciones y los demás links son mis recopilaciones de relatos.

Día diez: Gigante

Día once: Correr


Día doce: Destrozado


Y ya va día trece. Faltan diecisiete pero no voy por mal camino ¿Qué les han parecido?

¡Un abrazo!
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jueves, 12 de octubre de 2017

Mientras duerme el sol — Capítulo 6 — El pasado se enturbia

¡Hola a todos! ¿Cómo están? ¡Me pongo al día! Y para esta historia, principalmente, he estado haciendo algunos dibujos que iré dejando más abajo. Todavía no tengo a todos los personajes terminados, pero ya he avanzado con los tres principales y espero ya en los próximos ir subiendo los que me están faltando y ya seguir actualizando otros pendientes que tengo, pero ahora, les dejo esto, que a diferencia de otras veces, iré intercalándolos en la historia.




Capítulo 6

El pasado se enturbia

Cada vez eran más. Nunca habían pensado que al huir de casa iban a conseguir aliados tan extraños como sobrenaturales. El Fénix se había quedado a petición de Myrddin y gracias a la ayuda brindada, ninguno tenía motivos para oponerse a ello.

—La magia llama a la magia— le dijo Myrddin a Francis mientras éste dejaba caer un dije dentro de un bowl de hierro en el que había mezclado varias hierbas y aceites. El libro estaba en frente del bowl, de tanto en tanto curioseando su contenido.

Llamó a sus hermanos cuando lanzó el último de ellos. El humo de color ámbar comenzó a salir del tazón.

Johann llegó tras Maya y curioseó mirando el contenido del recipiente y arrugó la nariz al sentir el olor a azufre tan fuerte del mismo.


—¿Qué están haciendo?— Preguntó Maya sin animarse a acercarse después de ver a su hermano arrepentido.

—Es un hechizo. Ya nos separamos una vez y quedamos sin poder tener contacto entre nosotros. Myrddin sugirió esto— y fue colocando cada dije en una cadena de plata —dame tu mano— le pidió a su hermana. Tomó la navaja de acero y le hizo un corte en la palma y la dejó caer en dos de ellos. Los colgantes pronto absorbieron la sangre como si nunca hubiese estado ahí.

—La próxima vez avísame— se quejó recibiendo el pañuelo y haciéndose presión en la herida. 

Repitió el proceso con Johann y luego, lo hizo él. Al final, había seis colgantes embebidos en sangre sobre la mesa. Los coloco en una cadena color cobre, una reliquia invaluable. Su abuelo tenía una gran afición por las cosas extrañas y aquella cadena, tan fuerte y válida, estaba forjada con hierro de un meteorito con más de mil años de antigüedad.

—¿Para qué haces esto?— Preguntó Johann recibiendo dos cadenas al igual que su hermana menor.
Dibujo de Johann

—Es una forma de mantenernos en contacto sin necesidad de celulares. Y si brilla, podremos saber si alguno de nosotros está herido o necesita ayuda— y se los colocó en el cuello —yo tengo de Maya y el tuyo. Johann el mío y de Maya y ella el de nosotros dos—

—¿Y por qué elegiste estos símbolos?— Los examinó ella.

—¿Seguro que su madre los instruyó bien?— Myrddin no estaba muy contento con la formación de esos brujos, especialmente, al desconocer algo tan básico en la magia. 

—Así como su nombre es capaz de otorgarles un don, el día y la hora funcionan igual. Su nacimiento es clave para proporcionarles un elemento mágico, que pueda facilitarles el uso de la magia— les explicó Myrddin —el mío es un libro— y aunque sus páginas pasaron rápidamente, estaba lejos de estar emocionado.

—Entonces ¿Puedes usar magia siendo un libro?— Johann estaba sorprendido ¿Y hasta ahora se los decía?

—Sólo algunos. Este cuerpo ha sido hecho para limitarme—

—Pero volviendo a los adornos— dijo Maya elevando las cadenas a la altura de su rostro, balanceando los ligeramente.

 Dibujo de Maya

Myrddin la miró de reojo, suspiró y sus páginas se cerraron. Francis podía estar seguro que estar con unos brujos novatos con el cuerpo de libro no era uno de sus quehaceres, pero de momento, lo único que podían hacer era ayudarse mutuamente para poder seguir adelante. Aún no sabían nada de magia de conversión, pero teniendo que valerse solos aprender era su única alternativa.

—Cada brujo tiene un elemento que les facilita canalizar su magia, puede ser tan físico como un estado natural, el clima, incluso, hasta los animales o espíritus— brinco acercándose más al tazón — el de Johann es el loto, el de Maya es el sol, el de Francis es el cuarto creciente y el agua—

—¿Por qué Francis tiene dos elementos?— Lo interrumpió Johann.

—Porque uno lo heredó de su abuelo. La luna es suya— siguió Myrddin con su explicación —si aprenden a usar estos podrán hacer hechizos más poderosos.

A Johann le entusiasmaba las idea de manejar mejor sus hechizos al igual que a Francis. Sin embargo, Mayo no estaba tan entusiasmada con la idea.  Era sólo una forma de meterle más en aquel mundo del que ella quería era encontrar a su madre y a su abuelo pronto y volver a la vida semi normal que tenían antes. Pero ahora que Myrddin intentaba prepararlos para enfrentarse a lo que se les presentara, su deseo se volvía tan utópico que ni ella misma daba fe de ello.

Salió de la habitación y se fue a la cocina y se encontró a Ciro jugando con el caleidoscopio con el que lo había dejado antes de reunirse con sus hermanos. Lo veía entusiasmado con ello que deseo poder tener esa misma inocencia y no preocuparse por nada.

—No soy bueno leyendo a las personas ¿Sucede algo?— Preguntó dejando de lado el juguete.

Maya miró al suelo, enfocó la vista en sus botas y fue a sentarse en frente de él. Apoyo su mano en la mesa y pasó la palma de la mano por sobre el mantel, quitándole las arrugas mientras tenía al fénix a la expectativa.


—Siempre he odiado ser una bruja ¿Alguna vez lo has sentido? He querido una vida normal y ahora… mamá y el abuelo están desaparecidos. La policía cree usted somos unos asesinos, nuestro mentor es un libro y le cuento mis problemas a un fénix— se limpió una lágrima con la palma y revolvió su cabello subiendo los pies a la silla momentos después.
 
Él la miró, no sabía bien que hacer frente a alguien cuando lloraba o le decía cosas como esa.
—Es como esto— levantó el caleidoscopio y se lo entregó  —lo giras y todo cambia—

—Pero la vida no es tan sencilla como uno de estos juguetes— ella lo tomó con media sonrisa y lo miró —pero gracias por intentarlo— tomó la mano de él y la apretó entre la suya.

—Vamos a salir a comer. ¿Vienen?— Johann entró mirando la  pantalla del celular. Maya enseguida se puso de pie  y puso su mejor cara para no levantar sospechas —¿Pasó algo entre ustedes?—

Ciro estaba a punto de decir algo cuando Maya interrumpió preguntando a donde iban a ir, quedando la conversación en el olvido.

Subieron al  auto y emprendieron camino. Johann encendió la radio  en el asiento del copiloto y Maya se sentó atrás con Myrddin y Ciro.

—¿Lograste ayudar a Ciro con sus memorias?— Preguntó Maya acomodando a Myrddin sobre su regazo. Ciro abrió la ventanilla.

—Fue extraño. Por un momento, pensé que sus memorias estaban a un nivel inconsciente, por eso, no podría recordarlas, pero no fue así

—Hay sólo baches— lo interrumpió Ciro sin dejar de mirar por la ventanilla del auto —como si nunca hubiese existido nada en ese período de tiempo.

—¿Y eso por qué sucede?

Myrddin se dobló sobre sí mismo y miró de reojo al fénix. No tenía idea de qué es lo que sucedía con él, pero cualquiera que fuera la razón era suficientemente importante como para no borrar los recuerdos, sino, arrebatárselos completamente.

Él  había prometido ayudarlo en lo que pudiera, aunque estaba seguro de que el caso de  Ciro iba a ser más complejo de lo que el brujo había visto en todos los siglos que había vivido. En otro momento, habría aceptado el reto gustoso, pero ahora, era un simple libro y necesitaba ayuda para muchas cosas, por lo que no iba a ser fácil poder llegar a hallar el problema y su solución. Pero Myrddin no había llegado a ser un brujo reconocido escapando y dejando las cosas a medias. Iba a conseguirlo.

Las cosas se estaban poniendo extrañas. La radio empezó a cambiarse sin que nadie moviese el dial. El auto comenzó a perder velocidad y un haz de luz enceguecedora los terminó por hacer frenar de golpe.

Fue un escaso momento en que todos permanecieron inmóviles.

—¿Todos están bien?— Preguntó Francis sin quitar la vista del frente. Así nomás, tanteó la puerta y la abrió: el auto estaba muerto, no arrancaba por nada, ni si quiera, daba una señal de funcionar.
Dibujo de Francis

—Estamos bien, Creo. Pero te interesará ver esto— dijo mostrándole su reloj. No sólo había quedado parado, sino que había retrocedido y había quedado exactamente a las once y veintiséis.

Todos estaban desconcertados y cuando se disolvió un poco la neblina que impedía ver más allá de sus narices, el edificio se alzó imponente detrás de unos árboles viejos y frondosos. Aún quedaban restos de la neblina blanca que se iba desvaneciendo como si la tierra fuera capaz de absorberla. Habían visto cosas raras, pero ésta, superaba nuevamente sus estándares de rareza.


Lo que pasaba era realmente un misterio para ellos. Ninguno  entendía absolutamente nada, pero estando varados., lo único que podían hacer era averiguar qué es lo que sucedía, que estaban casi seguros de que si lo conseguían, iban a poder hacer que el tiempo volviese a fluir para ellos y podrían tener su ansiada comida.


—Perfecto, la próxima vez que me inviten a comer, simplemente, diré que no— Maya acomodó su bolso al hombro y dejó a Myrddin dentro. Ambos sabían que era más sencillo de esa manera por si sucedía cualquier imprevisto en el camino.



—¿Qué tiene de malo? Sólo hay que caminar— dijo Ciro con total inocencia quedándose a su lado.

—No vas a contagiarle ese optimismo, Ciro— se rio Johann metiendo las manos en el bolsillo de su campera vaquera.

—Avancemos un poco, quizás, hallemos algo en ese edificio— Fran había señalado  nuevamente el edificio gigante de pintura caída que destacaba por sobre todo en los alrededores.

El camino de asfalto terminaba pronto, por lo que debieron desviar por un camino en el bosque, empedrado, con algunas partes barrosas, como si hubiese llovido recientemente y el suelo aun no terminase de asimilar el agua, como si la tierra estuviese demasiado saturada.

El silencio fue lo único que se mantuvo constante hasta que llegaron a la entrada del poblado. Podían leer a la perfección la placa del edificio aun a la distancia: psiquiátrico Domino.  Entre ellos intercambiaron miradas  y siguieron el camino que, afortunadamente, se  volvía más llano y seguro.  Sin embargo, no era como si consiguieran tener algo de calma. Deteniéndose de golpe, quedaron estáticos ante la calle principal del poblado: fantasma. Y no era uno ni dos, ni tres ¡Eran cientos! Y se desenvolvían en los alrededores como si aún siguieran con vida, comprando el pan, saludando al vecino al caminar, pasándole la cabeza caída al decapitado que estaba en el patíbulo o leyendo un diario que ya no existía más que en el archivo del poblado.


—He oído de pueblos fantasmas, pero esto es ridículo. ¿Qué sigue? ¿Beetlejuice llegará a asustarnos?— Johann no sabía cómo asimilar lo que estaban viendo. En realidad, ninguno lo sabía.

—Lo más sensato es pasar desapercibidos— sugirió Myrddin —los observamos, analizamos sus  costumbres, sus vidas y encontramos el problema y llegado el caso, actuamos—

—¿Y traemos a los caza fantasmas?  Nunca hemos enfrentado tantas almas— Maya estaba nerviosa ¡y no era para menos! Había por lo menos, cien fantasmas en esa zona. No querían ni imaginarse los que habría en los alrededores y los que irían a encontrar en el psiquiátrico.

Francis intentó calmar las cosas, pensar con la cabeza en frío era lo suyo y dar órdenes para que todo fuera bien. Volteó a verlos y se amarró el cabello en una cola de caballo antes de decir palabra.

—Haremos esto: nos dividiremos, daremos  una vuelta por los alrededores y nos veremos aquí en una hora. No  harán nada, simplemente, vamos a mirar y encontrar algo que nos ayude a saber por qué estamos aquí. Si se pone peligroso, se van ¿Entendido?— Finalizó haciendo  un círculo al doblar su dedo índice y pulgar pasando su mirada por todos,  hasta por Myrddin, aunque de él  no se preocupaba exactamente, creía que de todos los que estaban ahí, era el más sensato.


Maya acabó yendo con Ciro y Myrddin y Francis con Johann. Cada quién eligió un camino,  después de un rápido y sencillo hechizo, cada uno salió con un reloj de arena,  para poder regresar al punto de encuentro pasado ese tiempo, ya que ni si quiera los celulares les servían en ese momento: simplemente, estaban varados.

—¿No hubiese sido más sensato traer a Maya con nosotros?— Preguntó Johann a su hermano.

—No, quería hablar contigo sobre ella— y lo miró —si salimos de esto, estaba pensando que es momento de ir con la tía Poppy—
 

 
Johann se detuvo haciendo que su hermano volteara a verlo. Francis permanecía calmo, pero eso había tomado al muchacho  por sorpresa. Sabía que Maya no estaba cómoda con lo que les sucedía, ni tampoco  estaba de acuerdo en tener una vida como bruja ¿pero tanto como alejarse de ella? 

—Pero si hacemos eso, dejaremos de ver a Maya. Quién sabe cuándo podamos encaminar nuestras vidas de nuevo y demostrar nuestra inocencia o encontrar a mamá y el abuelo— se estaba alterando y eso no le gustaba ni a él mismo, metiendo las manos al bolsillo y encogiéndose de hombros. 

—Lo sé, he pensado en todo eso y es por la misma razón que la tía ha sido mi única opción. Primero debemos concentrarnos en lo que sí podemos resolver e ignorar lo demás. La idea me molesta tanto como a ti, porque no vamos a estar cerca de ella para protegerla ni podremos verla con la misma frecuencia que ahora. Pero si ella viene soportándolo, llegará un momento que colapsará. Ya hacía sus rabietas cuando aún ellos estaban con nosotros, ahora que estamos solos y en estas condiciones…—


—Lo entiendo— dijo cabizbajo. Aunque lo entendía, seguía en completo desacuerdo, pero si su hermano lo había planteado había sido por el bien de ella, muy a su pesar —entonces—

—No hay tiempo ahora— Francis miró  el suelo, la misma neblina blanca había comenzado a emerger desde la base del psiquiátrico subiendo  hacia el cielo como si tuviera vida propia —mira allá arriba— señaló: había un hombre en el techo a punto de saltar.

Ambos intentaron detenerlo, pero el hombre se lanzó al vacío, haciendo que los dos corrieran para encontrarse luego con su fantasma retorciéndose en el suelo hasta que la niebla lo consumió entre gemidos que destrozaban los tímpanos. En ese momento, la niebla desapareció y los fantasmas de los alrededores que estuvieron mirando desde que estuvo en el techo, quizás, mucho antes de que ellos llegaran, como si fuera un espectáculo verlo saltar. Sólo quedaron ellos dos. Y un misterio desvaneciéndose en la niebla que la tierra bebía y luego, le daba vida.
 



<<Capítulo 5                                             Capítulo 7>>


He variado un poco en el estilo de dibujo, probando algunas cositas nuevas, lo que ha sido todo un reto porque he estado adaptando un par de cosas de estilos realistas a mi estilo. También, la forma de pintar con lápices de colores, que ha sido otro reto, pues, le he ido agarrando un poco el truco y me he vuelto más meticulosa, por lo que tardó el doble en terminarlos tan sólo por eso —ya saben, probar los colores, que se mezclen bien, que no queden tan en contraste y todas esas cosas—. Ha sido un poco experimento, pero he de decir que me ha gustado mucho el resultado.

Espero les haya gustado <3

¡Un abrazo!
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