domingo, 25 de febrero de 2018

30 días con BUCK TICK: día trece

¡Hola a todos, mis amores! ¿Cómo están? Tuve un día bastante tranquilo, no me puedo quejar. He empezado clases de inglés por el trabajo ¡y me están costando horrores! Que soy pésima en la pronunciación y parece que más que hablar, ando invocando al diablo (?). Es frustrante, que desde la primera clase empezamos hablando en el idioma y está muy bueno, pero que va, no sirvo para esto XD el inglés es uno de los idiomas que menos me gustan y me cuesta un montón tan sólo por ello —si el japonés se usara más, estaría mejor (?)—. Y ya como andaba con los idiomas, ¡traigo el reto de nuevo! Y es una de las pocas veces que la tengo fácil XD

Día trece: Una canción que te pone mal


Atsushi tuvo una vida muy dura con un padre golpeador, alcohólico y sumamente paranoico. Alguna vez él contó que incluso, en la noche, el sonido de la puerta abrirse o un paso si quiera, era motivo de una paliza. Lo que llevó a ser una persona muy retraída y a tener bastantes problemas —alcohol y cigarrillos también— y fue literalmente, su madre y BUCK TICK, lo que lo salvaron, y lo que llevó a ser el músico que es hoy en día. Pueden buscar su historia, que es realmente, bastante extensa y cruel, pero ha sabido salir de ello. Y por eso, le ha escrito y dedicado muchísimas canciones a su madre.

La muerte de ella fue una de las cosas más duras que enfrentó y que se vio reflejada en sus canciones, que ha escrito varias a la muerte de ella, a modo de catarsis, y como no, la banda se lo permitió llevarlas al escenario y son sublimes. Pueden buscar Jupiter o Sakura, que son bellísimas. Yo elegí Long call distance, que es un tema que compuso con la última llamada que hizo a su madre antes de morir. ¿El live? Se nota que pone, cuerpo, alma y vida al cantarla. Y el grito final esperando a que conteste, te rompe el corazón, sin duda alguna —hay otro live que al interpretarla, llora durante casi toda la canción, más, no lo he encontrado, seguramente, por derechos de autor. Pero pueden ver ahí todo el sentimiento que le pone al cantarlo—. 

La letra es más que cantado que fue escrita por Atsushi, más, la música va de la mano de Imai y de todos los arreglitos excepcionales que hace a las melodías —que para innovar con sonidos nuevos, no hay nadie mejor que él—.




Long call distance
Llamada de larga distancia

聞こえる 聞こえるかい もう眠っていたんだね
Escucha ¿me puedes escuchar? ¿Ya estabas durmiendo?
聞こえる 聞こえるよ ごめんよ起こしたね
Escucha ¿me escuchas? Siento haberte despertado.

そう 大事な話なんだ 笑い話かも ああ
Tenía algo importante qué decirte, quizás te parezca divertido. Ah…

聞こえる 聞こえるかい もう少しこのままで
Escucha ¿me puedes escuchar? ¿Podemos hablar un poco más?
聞こえる 聞こえるよ ありがとう聞いてくれて
Puedo oírte. Puedo oírte. Gracias por escucharme.

もう しばらく会えないんだ おやすみ言うよ
Hace tiempo que no nos vemos. Sólo quería decirte buenas noches.
この電話 最後に それじゃ
Terminando esta llamada. Hasta luego.

愛しているよママ 他には何も無いさ
Te amo, mamá, no tengo más qué decir.
愛している 愛している 他に何も
Te amo, mamá, no tengo nada más qué decirte.

愛しているよママ もう上手く話せないよ
Te amo, mamá. Ya casi no puedo hablar
愛している 愛している 他に何も
Te amo, te amo, no tengo nada más qué decirte.


もう しばらく会えないんだ おやすみだけを
Hace un tiempo que no nos vemos. Sólo quería decirte buenas noches.
この電話 最後に じゃあね
Con esto, terminaré la llamada. Nos vemos.


愛しているよママ 他には何も無いさ
Te amo, mamá, no tengo más qué decir.
愛している 愛している 他に何も
Te amo, mamá, no tengo nada más qué decirte.

愛しているよママ もう上手く聞き取れないよ
Te amo, mamá. No puedo escucharte bien.
愛している 愛している 他に何も
Te amo, te amo, no tengo más qué decirte.

心が壊れていく 誰かを傷つけにいく
Mi corazón se rompe en pedazos, tan sólo heriré a alguien siguiendo así
止まらない 止まらない 俺は行くよ
No voy a detenerme. No voy a parar. Me voy.

愛しているよママ もう上手く話せないよ
Te amo, mamá. Ya no puedo hablar más.
愛している 愛している 他に何も
Te amo, te amo, no hay nada más qué decir.



¡Un abrazo!
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viernes, 23 de febrero de 2018

Ahora que estamos solos #1

¡Hola, mis amores! ¿Cómo están?  Y tengo una sorpresa ¡Estreno sección! ¡Sí! Ya era hora que hace tiempo que no traía una novedad (?) Ok, no, que creo, tengo el blog lo bastante surtido como para que siga siendo entretenido pasarse por aquí. Pero me apetecía tener más cosas que actualizar, porque si no ando hasta la cabeza de cosas por hacer, no soy yo, ya lo sabrán (?). 

Esta sección surge gracias a Demiurgo, —que de paso aprovecho y los invito a pasarse a su blog—, que fue quién me sugirió hacer una sección aparte para los relatos de los jueves a los que no llegue o me exceda monumentalmente con el límite, que hay veces que mis chicos se entusiasman y de las 350 palabras, me saco una novela. Y está buenísimo, pero la idea tampoco es pasarse y tampoco da para no compartir esas historias, así que llegó ¡Ahora que estamos solos! Y como no participé en los más recientes, iré subiéndolos a partir de ahora ¿Primera parada? La ciudad del amor <3 No, no es París, esa es la ciudad de las luces ¡Vamos a Roma! La propuesta fue hecha por Gustavo y no alcancé a participar a pesar de que tengo una historia completa que sucede en Italia. ¿Qué historia es? Como una luz o como un grito. de paso, ya que estamos en esto de sumarme a todo, también, fue por sugerencia de Demi, que me acabé enganchando con un reto de Ginebra que aun no logro subir ¡así que mato dos pájaros de un tiro! Pueden verlo justo aquí.

Yo elegí:
○○El vagón de un tren
○○Una corbata

Y el elemento en común que debe tener el relato es un fotógrafo.

¡Vamos a lo nuestro!




¿Atesorar?

La habitación estaba ligeramente oscurecida. Ella sobre la cama con la pierna derecha flexionada, las manos sobre su cabeza y el cabello que caía salvaje sobre el colchón y su cuerpo, tiñendo de negro las sábanas blancas. La luz del reflector la iluminó y acto seguido, con el fotómetro se encargó de equilibrar las faltas de ésta hasta que quedó perfecta. 

Battista observaba tras de cámaras, como siempre, con la expresión tan estoica que siempre tenía cuando Milan no estaba rondándolo viendo al fotógrafo ir de aquí y de allá buscando sacar todos los ángulos posibles de la mujer. Era una de las pocas personas que podía ponerlo de los nervios, hacerlo sonrojar y enfadar todo en el mismo instante, y a veces más. Aunque justo ahora, podía quedarse calmo, viendo a su novia siendo fotografiada en posturas tan sensuales como impropias ¿por qué estaba ahí viendo eso? Porque no era el tipo de novio que fuera a impedir que ella hiciera lo que le gustase. Había modelado mucho antes de volverse su novia como para empezar con restricciones ahora, aunque hubiese preferido rechazar ese trabajo. Pero iba a ser un buen impulso a su carrera, siendo una reconocida línea de perfumes la que iba a publicitar.

Después de tanto trabajar con ella, no podía negar su atractivo ni la naturalidad con la que hacía todo ante las cámaras. Para Milan era tan sencillo como respirar o al menos, así lo hacía ver. Su problema para leer los rostros podía ser un impedimento para ella, pero por el contrario, había aprendido a sacarle provecho. Y esa era otra cosa que le gustaba de ella: no perdía oportunidad para aprender ni tampoco, se daba por vencida si no salía a la primera, lo que era totalmente opuesto a él, que se rendía con tal facilidad que daba pena ajena.

—Battista —lo llamó una de las modelos con las que trabajaba, Pia.

Battista dejó de prestar atención un momento para dirigirse a la mujer que llegaba envuelta en una bata de seda de color lavanda. Desde temprano que estaba en el set contiguo, aunque se habían tomado un descanso hacia como una hora por un problema con la iluminación y uno de los modelos, por lo que él se había dedicado a supervisar la sesión fotográfica de Milan en lo que solucionaban todo.

—Dime ¿sucede algo? —preguntó a ella con amabilidad, llevando las manos a los bolsillos.

Pia jugueteó con sus dedos unos instantes antes de mirarlo y morderse el labio inferior, llevando una de sus manos al brazo de su acompañante con una mirada de lo más seductora.

—Ya que estamos en Roma y que es mi primera vez aquí ¿te gustaría acompañarme a dar una vuelta?

La expresión de Battista se contrajo de la sorpresa ante la propuesta, pero lo que lo hizo quedar mucho más sorprendido fue el jalón que recibió de Milan al rodearlo por el cuello con sus brazos y al ser mucho más pequeñita que él, quedó casi doblado para alcanzarla.
 
—¡No! Battista es mío el resto del día —dijo esto último con una sonrisa llena de entusiasmo y una expresión de triunfo en la mirada.

Él, que no se acostumbraba en lo absolutos a esos arrebatos, estaba completamente rojo y ni si quiera pudo articular una palabra decente, sólo salió un balbuceo de su boca en lo que quitaba los brazos de Milan de encima suyo con delicadeza y se disculpaba con Pia por no poder ir con ella, ya que había quedado con Milan en hacer un viaje en tren, a Florencia. Como de costumbre no había podido negarse a ella, ya sea que fuera porque era ella y tenía un encanto especial en él para hacerlo decir que si o porque él realmente quería darle gusto, aun cuando no se diera cuenta de ello.

—Lo siento, Pia. En otra ocasión —se disculpó el booker con amabilidad y siguió los pasos de su ahora, novia— sabes que yo podría haberme hecho cargo de una manera más sutil —remarcó esa última palabra tomándola del antebrazo haciendo que quedara quieta frente a él.

Milan le dedicó una dulce sonrisa y deslizó su mano de su muñeca llegando a su palma, acariciando suavemente la misma con uno de sus dedos, haciendo sonrojar a Battista con esa insinuación.

—N-no.

—Aburrido —respondió yendo a cambiarse para poder salir finalmente hacia su viaje— voy a cambiarme —y se detuvo mirándolo por encima del hombro— a menos que quieras ayudarme.

El color que había tomado su piel no era natural de tan rojo que se había puesto, tanto que un tomate se vería pálido a su lado. Ella sonrió y siguió su camino sabiendo que la única respuesta que iba a conseguir era un no.

Él suspiró un poco más tranquilo una vez se fue. A veces, lo ponía de los nervios, que no sabía cómo debía actuar cuando estaba con ella y se le insinuaba de maneras que no era capaz de explicar ni de asimilar. Y aun así, podía decir que era un poco masoquista por aceptar estar con ella ¿lo disfrutaba? Había una gran posibilidad de ello.

******

El vagón iba bastante lleno. Era época turística, por lo que contar con espacio o comodidad no parecía ser algo que fuera a suceder, pero la muchacha aprovecharía eso como excusa para estar más cerca de él de una u otra manera. Battista era demasiado tímido para tomar la iniciativa y ella le sobraban los impulsos para hacer lo que quisiera sin pensar en vergüenzas ni edades ni nadie más que ellos dos. Era una ventaja, contando que gracias a ella las cosas iban a ir sucediendo de a poco o a toda marcha. Aunque considerando lo que era su novio, imaginaba que iba a ser todo a marcha de tortuga. Con suerte, lo disfrutaría en ambos casos aunque el primero era el que más ansiaba.

Se acomodó en el hombro de Battista, apoyando su cabeza en él como si nadie los viera. A ella le daba un poco igual, después de todo, no podría reconocer a nadie más que a su novio de aquel vagón. Aunque si se esforzaba, iba a encontrar algún rasgo característico en los presentes, pero no tenía interés en ellos de momento. Ya había tenido que dedicarse a ello exhaustivamente en el rodaje, que se había fijado en todo, desde la entrada en forma de corazón del fotógrafo en su cabello, como en las alhajas que llevaba la maquillista y la forma del mentón y  las orejas de la chica que había querido seducir a su Battista. Necesitaba encontrar cosas como esa o de lo contrario, eran una multitud sin rostros ni nombre hasta que le hablaban. Pero no siempre corría con la suerte de que le hablasen primero para identificarlos, así que todo ese trabajo de hormiga que hacía para que nada se les pasara por alto y ella pudiera vivir como una persona normal, era necesario. Aunque cuando Battista estaba cerca, la ayudaba susurrándole el nombre a su oído, facilitándole el trabajo y siendo mucho más disimulado que Luaces, que él siempre ponía en evidencia aquello y la hacía ver como una niña mimada cuando en realidad, sólo intentaba andar como una persona común. Ahora mismo, estaba más que tranquila y a gusto en su viaje.

—¿No has pensado en cubrirte un poco? Habrá mucha gente y seguramente, periodistas —le dijo él al verla tan despreocupada de su situación.
 
—Estaremos bien —respondió con calma— tengo una peluca en la bolsa si te incomoda andar así —lo miró con media sonrisa esperando su respuesta. Él corrió la mirada se rascó la nuca.

—Estás más que bien así —soltó sin poder volver a verla a los ojos.
 
En el trabajo, era mucho más fácil, pero sería que estando solos era más consciente de su presencia que se sentía cual adolescente cuando hacía algo como eso.

Sólo esperó llegar rápido a Florencia. Con el itinerario que tenían, no iba a tener tiempo de pensar en nada más que cumplir el horario.

******

El agua los había atrapado a mitad de camino. Apenas si habían ido a una cafetería y salido cuando la tormenta se desató. Esas tormentas de verano que llegan para quedarse. Y cuando empezó a granizar, ambos supieron que ni volver podrían hasta que la tormenta cesara. Así lo que iba a ser un viaje de un solo día, iba a extenderse un poco más, teniendo que buscar en donde quedarse hasta que pudieran conseguir un boleto de vuelta a su hogar.

Se hospedaron en un hotel y con todo lleno, tuvieron que compartir la habitación. Tanto Battista como Milan estaban empapados de pies a cabeza, habiendo acordado turnarse para usar la ducha.

Battista dejó el bolso de Milan en una silla después de secarlo un poco, esperando que ella saliera, mientras tanto, dio un par de vueltas observando todo y sólo se arrepintió de estar solo porque así, comenzaba a pensar y pensar no era bueno en su caso.
 
Apenas la vio salir, entró cual rayo al cuarto de baño, evitando mirarla.
 
Ella quedó helada, secándose su larga cabellera viendo la puerta cerrarse. No lo entendía a veces, por no decir, siempre.

Milan se puso de pie como si la hubiesen impulsado de la cama. El lunar debajo de su ojo se veía con una gota de agua que caía de su cabello escurriéndose por la cara. Se acercó y lo rozó poniendo a la defensiva a su compañero.

—Bésame —le ordenó agarrándolo de los bordes de a bata y haciéndolo encoger para que estuviera a su altura—sólo hazlo.

Con duda y cierta dulzura y delicadeza en su tacto, probó el beso de sus labios fríos. Ella estaba helada aun cuando estaban en la habitación cerrada. Lo abrazó y sin soltarlo, lo sentó en la cama y él a sabiendas de lo que ella haría, la detuvo, quedando encima de ella de un momento a otro sin pensar en las consecuencias.

—¿Y ahora qué harás? — preguntó Milan debajo de él.

Él sonrojo podía cobrar vida en el rostro de Battista, dándose cuenta de lo que acababa de hacer, que al intentar detenerla, se había puesto en una situación mucho más comprometida para él y para ella, que no iba a desaprovechar oportunidad, alzando levemente su torso para poder llegar a besarlo. Y él sabía que si cedía a eso, iba a verse realmente comprometido, levantándose como si lo hubiesen empujado de la cama de un solo golpe.

Milan se echó en la cama riéndose de su reacción cuando él aún se negaba a mirarla.

—¿Por qué sigues negándote? Hace un mes que salimos —se levantó y avanzó a gatas hasta a él, apoyándose contra su espalda.

—Aún eres menor de edad.

—¡Oh, vamos! Como si alguien fuera a decir algo al respecto —se quejó ella rodeando su abdomen con sus brazos— me faltan siete meses para cumplir los dieciocho. No hay nada que no podamos hacer —sugirió sugestiva acompañando sus palabras de sus caricias colando una mano en la abertura de su bata cuando él la detuvo.

—Un juez no pensaría lo mismo.   

—¡Qué vainilla! La mayoría de los hombres moriría por estar con una jovencita como yo —y se dejó caer de nuevo en el mullido colchón— si te muestro la parte más sexy de mi cuerpo ¿cambiarías de opinión? —Se rio sonoramente cuando él volteó sonrojado al sentir su pie rozar su espalda y ver a la muchacha abriendo su bata de tal forma que sólo se le viera el ombligo.

—Sólo tú puedes pensar que el ombligo es la parte más sensual de tu cuerpo.

—¡Así que tienes una parte favorita! Sabía que debías tener una libido normal —cantó victoriosa ella siguiendo el recorrido de su pie por su espalda, cuando él la detuvo.

—Yo nunca dije eso.

—Pero no lo negaste y eso es más que un logro para mí —y con ello, lo tomó del brazo y lo jaló hacia ella. Battista iba a tener algo a ese ritmo, pues aunque estaba saliendo con ella, aún no estaba muy familiarizado con sus acciones ni las cosas que acostumbraba a hacer cuando menos lo esperaba, era una caja de sorpresas que no lo dejaba pensar y si no reaccionaba rápido, tenía miedo de estropear las cosas con ella— puedes comenzar besándome —susurró contra sus labios y aunque correspondió el beso, volvió a detenerla viéndola hacer un mohín inflando los mofletes.

A pesar de eso, a él le causaba ternura que hiciera berrinches de esa manera por no obtener lo que quería. Se acomodó la bata y se recostó a su lado un poco más calmado. Mantener la paciencia era una de sus especialidades. Aunque últimamente, se veía muy, muy a prueba cuando la tenía a ella cerca.

—¿Cuáles son tus ansias por crecer? —preguntó abrazándola, dándole un beso en la frente— déjame que te atesore así un poco más.

—Pero ni si quiera me ves cómo mujer —se quejó.

—¿Y cómo te veo? —Se rio ante aquella idea que tenía ella— creo que estás perfecta así. Nunca te pedí que crecieras para gustarme. Sólo sé tú misma. Con eso tengo más que suficiente —le dijo apretando un poco más el abrazo.

Ella no quedó del todo convencida, pero al cerrar los ojos y respirar su perfume, sintiendo el calor de su cuerpo y el latido de su corazón contra su oreja, se quedó un poco más tranquila. Aún tenía sus dudas, algunas, quizás nunca la dejaran con el fantasma de su ex que había vuelto y la acechaba, pero cuando estaba así, entre sus brazos con tanta calma, podía pensar un poco más en su presente y en como conservarlo. Podía amar un poco más a Battista y procurar estar a su lado, en las buenas, en las malas y hasta en su abstinencia. Milan sabía que lo iba a esperar el tiempo que hiciera falta, pero eso no iba a significar que iba a dejar sus cartas. De momento, se iba a dejar atesorar.                                         




¡Un abrazo!
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